Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 44
El sueño de Colt comenzó con una fecha.
Febrero de 2024.
No aparecía escrita en ningún calendario.
Simplemente estaba allí, él la recordó, como suspendida en la oscuridad antes de que las imágenes comenzaran a formarse.
Un mes y medio antes.
Mucho antes de que Infierno Azul se convirtiera en una puerta.
Antes del anillo.
Antes del círculo.
Antes de los reflejos, los duplicados, que habían aprendido a tocar.
Colt Mercer volvió a aquel lugar.
Y, como ocurre en los sueños que se parecen demasiado a los recuerdos, al principio no supo que estaba soñando.
La primera sensación fue el calor.
Después, el olor del mar.
Después el motor.
BRRRRRAAAAM.
Su cuatrimoto avanzaba sobre la arena compacta junto a las dunas de La Sirena y El Diablo. El cielo estaba oscureciéndose, pero todavía quedaba una franja naranja sobre el horizonte.
Colt llevaba aquella noche una camisa de mezclilla abierta sobre una camiseta oscura, jeans gastados y botas llenas de polvo. Las gafas oscuras descansaban sobre su frente.
El rifle viejo estaba sujeto a un costado del vehículo.
El walkie-talkie descansaba sobre el tablero.
Y emitía estática.
—Aquí Colt —dijo, apretando el botón—. ¿Alguien me copia?
Nada.
Solo:
KRRRRRSHHHHH.
Colt sonrió.
—Excelente. La tecnología no tan moderna.
Volvió a acelerar.
La duna apareció delante de él.
Y entonces llegó la voz.
—Colt...
Se quedó inmóvil.
El motor siguió vibrando debajo de él.
—¿Quién anda ahí?
La voz volvió a sonar.
Era la voz de Indra.
Exactamente la voz de Indra.
—Colt...
Pero había algo incorrecto.
No era la pronunciación.
No era el tono.
Era la distancia.
Parecía venir del walkie-talkie.
Y al mismo tiempo de la arena.
Y de detrás de él.
Colt giró lentamente.
Nada.
Solo el desierto.
—Esto ya se está poniendo raro.
Apagó el motor.
Silencio.
El océano golpeaba la costa a unos cientos de metros.
Las luces de La Sirena y El Diablo brillaban detrás de las dunas.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Colt tomó el walkie.
—Indra, si eres tú, deja de jugar conmigo.
Una respiración respondió.
Luego una risa.
La risa de Dirk.
Colt dejó de sonreír.
—Ah.
Miró hacia el horizonte.
—Ese sí no es un huésped.
En el sueño, Colt recordó perfectamente lo que ocurrió después.
La grabación comenzó a cambiar.
Primero fue la voz de Indra.
Después la de Chloe.
Después la de Adrián.
Tres voces mezcladas.
Tres personas hablando desde un mismo aparato.
—Colt...
—Colt...
—Colt...
Él apagó el walkie.
La voz continuó.
No desde el aparato.
Desde la duna.
Colt levantó el rifle.
—Muy bien.
Avanzó unos pasos.
La arena crujió bajo sus botas.
Subió lentamente la pendiente.
Y entonces vio algo.
Una figura estaba de pie al otro lado de la duna.
Rubia.
Alta.
Delgada.
Vestida con una bata clara que el viento hacía moverse como una bandera.
Colt entrecerró los ojos.
No podía distinguir el rostro.
—¿Quién eres?
La figura no contestó.
Colt dio otro paso.
Entonces una ráfaga levantó arena.
La figura desapareció.
Colt parpadeó.
—Bueno...
Bajó ligeramente el rifle.
—Eso tampoco estaba en el manual.
Y fue entonces cuando el sueño empezó a cambiar.
Porque Colt recordó algo que nunca había visto aquella noche.
O, mejor dicho: algo que su memoria había decidido borrar.
Detrás de él había alguien.
No en la duna.
No en la playa.
No en el motel.
En su propio recuerdo.
Colt lo comprendió de golpe.
La figura estaba allí desde el principio.
De pie junto a la cuatrimoto.
Observándolo.
El hombre llevaba ropa clara, casi fantasmal.
Y sonreía.
Colt sintió que el sueño se enfriaba.
—Tú...
La figura avanzó.
La luz de la luna iluminó finalmente su rostro.
Dirk Callahan.
Pero no era exactamente el Dirk que Colt recordaba.
Parecía recién salido de una larga noche.
Los ojos azul claro estaban abiertos de una manera casi antinatural.
Y tenía esa sonrisa tranquila que resultaba mucho peor que cualquier amenaza.
—No te preocupes —dijo Dirk—. Tú no estabas involucrado.
Colt apuntó.
—Entonces desaparece.
Dirk soltó una pequeña carcajada.
—Eso intento.
—¿Intentas qué?
Dirk miró hacia el motel.
A las ventanas iluminadas.
A la suite donde estaban Indra, Chloe y Adrián.
—Seguirlos.
Colt apretó el rifle.
—Pues tendrás que pasar por mí.
Dirk ladeó la cabeza.
—No.
Una pausa.
—Tú todavía no entiendes.
Se acercó un paso.
—Yo ya pasé.
El sueño cambió otra vez.
Ahora Colt estaba viendo la duna desde arriba.
Como si fuera una cámara de seguridad imposible.
Vio a su propio cuerpo junto a la cuatrimoto.
Vio a Dirk.
Y vio algo más.
Una segunda silueta.
No estaba detrás de Dirk.
Estaba dentro de su sombra.
Colt sintió un escalofrío.
Aquella cosa tenía la forma de un hombre, pero sus proporciones cambiaban cada vez que el viento levantaba la arena.
Por un instante parecía Adrián.
Después Indra.
Después Chloe.
Después alguien que Colt no conocía.
Dirk también la miró.
Y por primera vez en todo el sueño...
Dirk parecía tener miedo.
—Todavía no —murmuró este.
La sombra respondió:
—Todavía.
Colt abrió los ojos otra vez dentro del sueño. La duna había desaparecido. Ahora estaba solo. El walkie-talkie estaba sobre la arena. Encendido. Una voz habló desde él.
Pero esta vez no era Indra.
Ni Chloe.
Ni Adrián.
Ni Dirk.
Era una voz completamente desconocida que le dijo:
—Tú recuerdas demasiado poco.
Colt se agachó.
Tomó el aparato.
—¿Quién eres?
Silencio.
Después, la voz contestó:
—El que estaba mirando.
Colt levantó la vista.
Todas las ventanas de La Sirena y El Diablo estaban encendidas.
En cada una había una silueta.
Una.
Dos.
Tres.
Docenas.
Todas inmóviles.
Todas mirando hacia él.
Y entre ellas distinguió a Ramona.
Luego a Dylan.
Incluso a Cristabelle.
Aunque ni Dylan, ni Cristabelle estaban ahi en esos dias.
Pero ninguna de las personas reaccionaba.
No eran ellos.
Eran reflejos.
Colt comprendió entonces algo que le produjo una sensación peor que el miedo.
Aquella noche, en febrero, cuando había escuchado la voz de Indra en el walkie... alguien había estado usando su memoria para observarlo.
No había sido una interferencia.
No había sido una broma de Dirk.
Había sido una prueba.
El sueño volvió a oscurecerse.
Y Colt escuchó nuevamente el motor de su cuatrimoto.
BRRRRRAAAAM.
La escena retrocedió.
La duna desapareció.
El motel volvió a aparecer.
Y, durante una fracción de segundo, Colt vio a Dirk caminando hacia la cabaña del faro.
Pero Dirk se detuvo.
Giró la cabeza.
Y miró directamente hacia Colt.
Como si pudiera verlo a través del sueño.
Como si hubiera sabido desde febrero que algún día Colt recordaría aquello.
Dirk sonrió.
—Ahora sí te acuerdas.
Las luces se apagaron.
Colt despertó de golpe en La Sirena y El Diablo.
Respiró profundamente.
El cuarto estaba oscuro.
Ramona dormía cerca.
El aire acondicionado zumbaba.
El mar seguía golpeando la costa.
Colt permaneció sentado durante varios segundos.
No sabía cuánto había durado el sueño.
Pero recordaba cada detalle.
Especialmente aquella segunda sombra.
Y aquella voz.
El que estaba mirando.
Colt se levantó.
Fue hasta la ventana.
Afuera, el letrero de NO VACANTE iluminaba la noche.
Todo parecía tranquilo.
Entonces, desde alguna parte del motel...
KRRRRRSHHHHH.
Estática.
Colt se quedó inmóvil.
Sobre una mesa había un viejo walkie-talkie que llevaba meses sin usar.
No recordaba haberlo encendido.
La luz roja comenzó a parpadear.
Y una voz muy baja susurró:
—Colt...
Él no respondió.
Porque esta vez reconoció algo peor.
La voz no venía del walkie.
Venía del espejo.
Y durante un instante, en el reflejo, Colt vio a un hombre parado detrás de él.
Un hombre que no estaba en la habitación.
Un hombre que sonreía.
El Observador todavía estaba mirando.
Colt permaneció inmóvil frente al espejo. Entonces algo no encajó. El aire acondicionado no zumbaba: respiraba. El letrero de NO VACANTE no estaba afuera, sino reflejado detrás de él, dentro de una carretera interminable que no existía. Y el hombre del espejo seguía sonriendo. Colt miró sus propias manos y comprendió, con una lucidez helada, que jamás había despertado. Seguía soñando.
Todo aquello —la habitación, el motel, el walkie-talkie, incluso el recuerdo de haber abierto los ojos— formaba parte de otro sueño dentro del sueño. Intentó moverse, pero su reflejo lo hizo primero. Intentó gritar, pero el Colt del espejo levantó un dedo frente a sus labios. Y desde algún lugar detrás del vidrio, una voz que no pertenecía ni a Dirk, ni al Eco, ni a ningún ser que conociera susurró con una calma insoportable:
—Todavía no, Colt.
Entonces las luces del motel se apagaron una por una.
Y Colt Mercer siguió soñando.
Continuará...
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