Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 40
La madrugada seguía inmóvil.
Como si el tiempo hubiera decidido permanecer suspendido sobre aquel tramo del litoral.
En La Sirena y El Diablo, nadie habló durante varios segundos después de escuchar a Antonio.
La taza de café seguía desprendiendo vapor.
El espejo permanecía cubierto por la toalla húmeda.
Y el viento hacía vibrar apenas el viejo letrero de NO VACANTE.
Antonio terminó de acomodarse la camisa de jean azul.
—No estoy diciendo que fuera aquel mismo hombre... pero se parecía muchísimo.
Colt cruzó los brazos.
—¿El mismo de las cámaras?
Antonio asintió lentamente.
—Yo recuerdo las caras. Siempre las recuerdo. Es parte del trabajo. Cuando llevas años recibiendo huéspedes aprendes a reconocer a cualquiera aunque solo lo hayas visto una vez.
Ramona levantó la vista.
—¿Dónde lo viste?
Antonio respiró profundamente antes de responder.
—Ese domingo...
El domingo después de que ustedes derrotaran a Dirk en el are de la cabaña del faro y el faro.
La expresión de Cristabelle cambió de inmediato.
Antonio continuó. Se referia a Ernest... el mesero musculoso de la discoteca Eros en Ajo...
—Era temprano. El motel estaba lleno otra vez. Familias. Parejas. Turistas. Todo parecía haber vuelto a la normalidad.
Hizo una pausa.
—Entonces salió del faro un muchacho bastante atlético que habia entrado el dia anterior, el sabado pero no al motel... sino a la cabaña del faro... ya no habian vacantes en el motel. Yo pensé que se habia ido, no sabia que habia pasado la noche ahi... En la cabaña y el faro... Era alto. Fuerte. Llevaba la camisa algo rota. Parecía desorientado... pero al mismo tiempo caminaba como alguien que acababa de descubrir un secreto que nadie más conocía. Y su rostro exudaba algo como lujuria.... una expresion seduccion entre calma y extasis... no sé como explicarlo bien.
Cristabelle intercambió una mirada con Ramona.
Antonio siguió hablando.
—No habló con nadie. Solo caminó hasta una motocicleta. Recuerdo que el sol le daba de frente. Por un instante pensé que iba a desmayarse. Pero simplemente arrancó el motor y se fue rumbo a Ajo.
—¿Lo seguiste? —preguntó Colt.
—No. Pero jamás olvidé su rostro. Y el hombre que apareció hace unos minutos... es casi idéntico.
Hubo un silencio espeso.
Cristabelle fue la primera en romperlo.
—Tal vez no sea él.
Antonio la miró.
—¿Entonces?
Cristabelle desvió lentamente la vista hacia el espejo cubierto.
—Tal vez sea una réplica.
Antonio frunció el ceño.
—¿Una... qué?
—Una réplica. Un doppelgänger. Algo parecido a los que vi aquel día en la cabaña de Dirk, en los bosques del norte.
La voz de Cristabell se volvió apenas un susurro.
—Una de ellos tenía exactamente mi rostro.
Ramona sintió un escalofrío.
Colt negó con la cabeza.
—No me acostumbro a escuchar esas cosas como si fueran normales.
Cristabelle continuó.
—Si el Eco pudo crear versiones de nosotros... ¿Por qué no podría existir otra versión de ese hombre que tú viste?
Antonio bajó lentamente la mirada.
—Entonces... ¿ese muchacho nunca salió, por decirlo de alguna forma, completamente del faro?
Nadie respondió.
Porque ninguno tenía una respuesta.
Solo el rumor constante del mar llenó el cuarto.
Y muy dentro de sí, Antonio recordó algo más.
Aquella extraña sensación que tuvo ese domingo.
La impresión de que el joven de la motocicleta... había sonreído... mirando hacia un lugar donde no había absolutamente nadie.
O quizá... donde solo él podía ver a alguien.
---
A varios kilómetros de allí...
Infierno Azul.
El motel seguía como respirando.
Las paredes emitían pequeños crujidos.
Los espejos parecían empañarse y desempañarse siguiendo un ritmo propio.
Nadie quería admitirlo.
Pero todos tenían la sensación de que algo caminaba por los pasillos.
Aunque nunca aparecía cuando giraban la cabeza.
Mason fue el primero en romper el silencio.
Observó a Cassian y a Zaza, que habían vuelto a abrir el pesado volumen encuadernado en cuero y dijo...
—¿Y en ese Libro de las Sombras de ustedes no hay algo sobre ese supuesto Observador de la Dimensión Espejo?
Cassian levantó una ceja.
Zaza incluso sonrió apenas.
—No somos brujos —respondió Cassian con una calma casi irónica.
Tomó el volumen entre ambas manos.
—Y esto no es un Libro de las Sombras. Es una bitácora. Nuestro diario.
Zaza acarició el lomo envejecido del libro.
—Lo escribimos nosotros. Durante siglos.
Dylan abrió mucho los ojos.
—¿Siglos?— dijo el joven hombre.
Cassian pasó lentamente varias páginas.
No había tinta uniforme.
Cada sección parecía escrita con instrumentos distintos.
Algunas con pluma.
Otras con carbón.
Otras parecían grabadas directamente sobre el papel.
Y unas cuantas... ni siquiera estaban escritas en un idioma reconocible.
—Cada vez que un borde entre realidades comenzó a desgastarse...alguien dejó constancia aquí. Cada anomalía. Cada reflejo. Cada nombre. Cada desaparición.
Zaza añadió en voz baja:
—Y también cada fracaso.
Mason observó aquellas páginas con auténtica curiosidad.
—Entonces... ¿sí aparece?—dijo entonces.
Cassian tardó unos segundos en responderle.
Fue pasando hojas cada vez más antiguas.
Más amarillas. Más frágiles. Hasta llegar a una página completamente distinta a las demás.
No tenía dibujos. No tenía símbolos.
Solo una frase escrita con una caligrafía extraordinariamente antigua.
Cassian la leyó despacio.
—"No escribas sobre Aquel que observa, porque mientras más completo sea su nombre... más completo será su despertar."
Nadie respiró.
Cassian pasó la página.
La siguiente estaba... vacía.
Completamente vacía.
Zaza frunció el ceño.
—No... No estaba así.
Todos levantaron la vista.
Las páginas siguientes... también estaban en blanco.
Como si siglos enteros de anotaciones hubieran desaparecido.
Solo quedó una última línea escrita al pie de la hoja final.
Una línea que ninguno de los dos recordaba haber escrito jamás.
"Ahora... me toca escribir a mí."
El silencio cayó sobre el vestíbulo.
Y por primera vez desde que habían llegado al Infierno Azul... incluso Cassian sintió pánico.
Porque comprendió que la bitácora ya no les pertenecía.
Continuará...

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