Arena Roja: Infierno Azul - Capítulo 39.

 



Arena Roja: Infierno Azul

Por: Dirk Kelly


Capítulo 39


...Como si una única conciencia acabara de abrir los ojos...


...El pulso recorrió el Motel Infierno Azul.


No fue una explosión.


No fue un terremoto.


Fue algo mucho más sutil.


Más perverso.


Las lámparas no se apagaron.


Parpadearon exactamente una vez.


Las botellas detrás del pequeño bar vibraron apenas unos milímetros.


Las agujas del viejo reloj del lobby avanzaron un segundo...


y luego retrocedieron ese mismo segundo.


Nadie habló.


Porque todos sintieron exactamente la misma impresión.


La de haber sido observados.


No desde un punto específico.


Sino desde todas partes al mismo tiempo.


El espejo rasgado del pasillo volvió a ondular.


La figura semejante a Cristabelle que habis salido del espejo y los habia enfrentado un par de horas antes seguía al otro lado.


Pero ahora ya no intentaba salir.


Simplemente... esperaba.


Como quien sabe que la puerta terminará abriéndose sola.


Cassian cerró lentamente el viejo libro de cuero.


—Ya empezó.


—¿Qué empezó? —preguntó Dylan.


Zaza respondió sin apartar la vista del espejo.


—El Observador ya no necesita buscar.


Ahora sabe dónde estamos.


El anillo suspendido sobre el círculo emitió otro destello.


Esta vez respondió el motel entero.


Desde las habitaciones comenzaron a escucharse ruidos.


Puertas que se abrían.


Grifos.


Radios antiguas.


Televisores que nadie había encendido.


Una vieja rocola del comedor comenzó a girar por sí sola. Y durante apenas unos segundos sonó una melodía antigua... y luego quedó reducida a una maraña de estática.


Mason volvió la cabeza.


Por un instante creyó ver a Cristabelle reflejada en la ventana del cuarto.


Parpadeó.


Solo estaba la oscuridad del litoral.


Sin embargo... en el espejo permanecía.


Ella seguía allí.


Observándolo.


Como si ambos estuvieran separados únicamente por una lámina de vidrio.


—No... murmuró Mason.


—Esa no eres tú.


El reflejo sonrió.


Pero aquella sonrisa no pertenecía a Cristabelle.


Adrián sintió entonces un escalofrío recorrerle la espalda.


No provenía del espejo.


Venía del pasillo.


Todos giraron.


El corredor parecía más largo que antes.


Mucho más largo.


Las puertas de las habitaciones ya no estaban exactamente donde debían.


La número ocho... la habitación que Dirk había convertido en su refugio ocasional, ademas del faro y la cabaña... parecía encontrarse varios metros más lejos.


Como si el motel hubiera estirado su propio interior.


Dirk observó aquello con auténtico desconcierto.


—No... susurró.


—Esto tampoco lo hice yo.


Cassian lo miró.


—Precisamente ése es el problema. El motel ya no está obedeciendo a nadie— dijo con su hermoso rostro cada vez más angustiado.


Entonces ocurrió algo todavía más extraño.


Los reflejos comenzaron a adelantarse en diversos espejos y ventanas cercanos.


Cuando Chloe levantó lentamente una mano... su reflejo ya la tenía levantada desde hacía un segundo.


Cuando Dylan respiró... su reflejo ya había exhalado.


Cuando Indra dio un paso... la figura del espejo ya estaba dos pasos más adelante.


Como si el tiempo del otro lado hubiera comenzado a correr más deprisa.


Y, desde algún lugar imposible de localizar, una voz habló.


No era masculina.


No era femenina.


No parecía salir de garganta alguna.


Solo era una idea pronunciándose.


—Los originales... hacen esperar demasiado— dijo.


Después... silencio absoluto.


Ni siquiera el mar parecía moverse.


---


Mientras tanto...


La madrugada seguía envolviendo al Motel La Sirena y El Diablo.


El letrero de NO VACANTE bañaba de rojo el estacionamiento.


Las olas rompían con calma.


Los huéspedes dormían ajenos a todo.


En la habitación de Cristabelle permanecían los cuatro de siempre.


Cristabelle, ya recuperada aunque todavía pálida.


Ramona, sentada junto a la ventana.


Colt caminando de un lado a otro.


El espejo continuaba cubierto por la toalla húmeda.


Nadie se había atrevido a retirarla.


Fue entonces cuando llamaron a la puerta.


Tres golpes.


Pausados.


Respetuosos.


Tok.


Tok.


Tok.


Los tres intercambiaron una mirada.


—¿Quién? —preguntó Colt.


—Soy yo... Antonio.


Ramona abrió.


Antonio sostenía una taza de café entre las manos.


Su expresión era mucho más seria de lo habitual.


Entró despacio.


Miró de reojo la toalla que cubría el espejo.


Como si supiera perfectamente por qué estaba allí.


—Perdón por la hora —dijo en voz baja—, pero pensé que debían saberlo.


Colt frunció el ceño.


—¿Qué pasó?


Antonio dejó la taza sobre la cómoda.


Respiró hondo.


—No pude dormir. Estaba revisando las cámaras del motel... y hay algo que no logro explicar.


Ramona sintió un nudo en el estómago.


—¿Qué viste?


Antonio levantó lentamente la vista.


—No vi a nadie entrar. Ni salir. Pero, entre las doce medianoche y la una de la madrugada... todos los espejos del motel dejaron de reflejar durante exactamente once segundos.


Los cuatro guardaron silencio.


Antonio continuó.


—Y cuando la imagen regresó a los espejos... en las camaras había un huésped más caminando por el pasillo principal. Uno que no aparece registrado. Uno que las cámaras nunca captaron antes de ese incidente... excepto en los reflejos.


Cristabelle sintió un frío recorrerle la espalda.


Sin saber por qué... pensó inmediatamente en Infierno Azul.


Y Cristabelle comprendió que aquella noche... la distancia entre ambos moteles había dejado de importar.


Continuará...



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