Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 38
El silencio quedó suspendido en el aire del Infierno Azul.
Alguien había movido una pieza.
Nadie habló.
El círculo de sangre seguía latiendo bajo el anillo de Dirk Callahan.
Los espejos permanecían inmóviles.
Como si todos esperaran la siguiente jugada.
Y muy lejos de allí...
O quizá extraordinariamente cerca...
...Porque en la Dimensión Espejo las distancias eran otra clase de mentira...
Y ahí existía otro lugar.
Era un páramo de arena rojiza.
No había dunas.
No había viento.
Solo una inmensa llanura mineral de arena y tierra seca roja donde el horizonte parecía doblarse sobre sí mismo.
En medio de aquel desierto surgía un edificio peculiar.
Macizo.
Geométrico.
Brutalista.
Muros de concreto rojizo.
Columnas inmensas.
Ventanas negras que reflejaban cielos distintos según quién las mirara.
A su alrededor crecían unas pocas palmeras y un estanque inmóvil de agua cristalina pero plateada como mercurio.
Un oasis.
Allí habitaban quienes nunca habían pertenecido del todo a ningún mundo.
Los afines.
Los nacidos de la alianza entre Dirk Callahan y el Eco del Bosque del Norte.
Dirk X permanecía de pie frente a un ventanal.
Su figura era atlética y elegante, con una presencia serena que contrastaba con la intensidad de su sonrisa depredadora.
Parecía un rey sin reino.
O un general esperando una guerra que llevaba siglos retrasándose.
Sentada sobre el respaldo de una silla de piedra estaba Chloe Y.
Sus labios dibujaban una sonrisa apenas perceptible.
Sus ojos brillaban con una intensidad febril.
Como si contemplara continuamente un amanecer que nadie más podía ver.
Indra Z caminaba descalza alrededor del salón.
Su silueta parecía confeccionada con sombras líquidas.
Cada movimiento dejaba tras de sí un tenue rastro oscuro que desaparecía al instante.
Apoyado junto a una enorme columna estaba Adrián YZ.
El torso desnudo.
Los brazos cruzados.
En sus ojos caían lentamente lágrimas oscuras que jamás llegaban al suelo.
Antes de tocar el piso se convertían en pequeños fragmentos de espejo.
Finalmente...
Ernest B observaba uno de los enormes ventanales.
Su sonrisa era idéntica a la del verdadero Ernest.
Solo que en ella había una melancolía imposible de ocultar.
Frente a ellos...
Decenas.
No.
Centenares de espejos.
Cada uno mostraba un lugar distinto.
Infierno Azul.
La Sirena y El Diablo.
La discoteca Eros, en Ajo, donde las luces aún seguían encendidas mientras la ciudad dormía.
La vieja cabaña de Dirk en los bosques del norte.
Prescott.
La abandonada cabaña de los Carpenter donde Cristabelle hizo una parada aquella vez que se aventuró por esos lares.
Ashwood, en la zona de los Apalaches.
Doveswood, cerca de Salem.
Y otros escenarios que ninguno de ellos había nombrado.
Porque algunos lugares eran más seguros cuando permanecían sin nombre.
Dirk X rompió el silencio.
—Nuestro original tiene miedo.
Ernest B sonrió apenas.
—Nunca lo había sentido tan humano.
Indra Z observó el espejo donde aparecía el verdadero Dirk.
—Los Ecos ya no distinguen entre creador y herramienta— dijo Indra Z.
Chloe Y se levantó de la silla de puedra y acarició el borde de uno de los espejos.
La superficie vibró como agua.
—Siempre ocurrió así—dijo Chloe Y —Solo que ahora él también puede verlo.
Adrián YZ habló por primera vez. Su voz parecía provenir de varios lugares a la vez.
—El deseo sigue alimentando los umbrales. No solo el deseo sexual de un cuerpo. Sino el impulso profundo que mueve a las personas a perseguir aquello que creen necesitar.
Todos asintieron.
Era una ley antigua.
Cada emoción intensa dejaba una huella.
Cada obsesión.
Cada anhelo.
Cada miedo.
Los Ecos aprendían de esas huellas.
Y Dirk, sin comprenderlo del todo, había aprovechado esa corriente durante años.
Por eso su vínculo con el Eco del Bosque había fortalecido su capacidad de regenerarse una y otra vez, sobreviviendo a heridas que habrían acabado con cualquier otra persona. Como esa vez en la cabaña... durante el secuestro de Indra Mathers...
Pero ahora...
Aquella corriente cambiaba de dirección.
Ernest B contempló el espejo donde aparecía Infierno Azul.
—Ya no fluye hacia él. Fluye hacia otra parte— dijo Ernest B.
Entonces todos dirigieron la mirada al espejo más grande del salón.
Su superficie permanecía completamente negra.
No reflejaba ningún lugar.
Solo oscuridad.
Chloe Y habló casi en un susurro.
—El Primer Reflejo...
Nadie respondió inmediatamente.
Incluso Dirk X bajó la mirada.
Finalmente fue Indra Z quien dijo:
—El primer Reflejo no es quien nos observa. Es solo aquello de lo que todos los reflejos nacieron.
Adrián YZ añadió:
—Y el Observador...— hizo una breve pausa—...es quien aprende de cada uno de ellos.
Un leve estremecimiento recorrió el edificio.
No provenía del desierto.
Venía del espejo negro.
Por primera vez... una silueta parecía dibujarse detrás del cristal.
No tenía rostro.
No tenía forma definida.
Era apenas una presencia.
Pero bastó para que los cinco doppelgängers guardaran silencio.
Dirk X dio un paso atrás.
—Todavía no— dijo.
La figura desapareció.
El espejo volvió a quedar oscuro.
Ernest B respiró lentamente antes de decir:
—Ha empezado a mirarnos también a nosotros.
Mientras tanto...
Muy lejos de aquella dimensión... o quizá exactamente contiguo a ella...
El anillo suspendido sobre el círculo de sangre en Infierno Azul emitió un pulso.
Y todos los espejos del salón brutalista en la Dimensión Espejo respondieron al mismo tiempo.
Como si una única conciencia acabara de abrir los ojos.
En Infierno Azul todos volvieron su vista hacia el anillo.
Continuará...

Comentarios
Publicar un comentario