Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 35
La forma dentro del círculo no terminó de materializarse.
No tenía rostro.
No tenía cuerpo.
Era una ausencia que ocupaba espacio.
La habitación donde estaban y el lobby entero del Infierno Azul se oscurecieron. El neón azul del motel parecía ahora provenir de muy lejos, como si brillara desde el fondo de un océano imposible.
El Eco habló.
No con palabras. Con recuerdos. Con olores.
Y con sensaciones.
Pino húmedo. Sal marina. Arena caliente.
Carreteras interminables. Asfalto ardiente.
Bosques donde algo observaba desde detrás de los árboles.
Y entonces el círculo eligió.
La sangre luminosa abandonó el centro y avanzó por el suelo como una serpiente.
Todos la siguieron con la mirada.
Hasta que llegó a los pies de Adrián.
El héroe silencioso. El viajero.
El hombre que había llegado hasta Indra y Chloe desde una gasolinera perdida en medio de la nada.
La sangre rodeó sus botas.
Se cerró. Y comenzó a subir.
—¡Adrián! —gritó Chloe.
Adrián intentó moverse.
No pudo.
No era una fuerza solo física.
Era como si algo antiguo lo hubiera encontrado después de buscarlo durante años.
Cassian palideció.
—No...
Zaza lo miró.
—¿Qué pasa?
—Ahora entiendo.
—¿Qué?
—No busca al más fuerte— continuó diciendo Cassian —No busca al más puro. Busca al que pertenece a más de un mundo.
El Eco rugió.
Esta vez todo el motel tembló.
Los espejos mostraron docenas de versiones de Adrián.
Algunas heridas.
Otras envejecidas.
Otras con los ojos completamente negros.
Y una... Una llorando sangre igual que aquel reflejo visto semanas atrás.
Dirk retrocedió.
Por primera vez parecía realmente aterrado.
—No puede ser él... Adrián.
—¿Por qué? —preguntó Indra.
Dirk tardó unos segundos en responder.
—Porque si elige a Adrián... ya no me necesita.
El silencio cayó como un martillo.
Todos comprendieron.
Dirk jamás había sido el centro.
Solo había sido la puerta.
El Eco era mucho más antiguo.
Mucho más grande.
Y acababa de encontrar algo mejor.
La sangre llegó a las rodillas de Adrián.
Sus ojos comenzaron a reflejar una luz azulada.
Chloe reaccionó primero.
Corrió hacia él.
—¡No te lo llevarás!— gritó la rubía y tomó su mano.
La sangre vaciló.
Solo un instante.
Pero vaciló.
Mason comprendió inmediatamente.
No era la fuerza.
No era la magia.
Era el vínculo.
Corrió también. Y colocó una mano sobre el hombro de Adrián.
En ese momento recordó a Cristabelle.
Recordó la carretera. La mañana del secuestro de Indra.
Las coincidencias que lo habían llevado una y otra vez hasta este mismo lugar: El Infierno Azul.
Y habló directamente al Eco.
—No decides tú.
La luz azul estalló ante lo que dijo Mason.
El círculo se fracturó.
La sangre retrocedió varios centímetros.
Adrián cayó de rodillas, jadeando. Libre.
Por ahora.
Pero lo que ocurrió después fue peor.
Los espejos del motel comenzaron a iluminarse uno tras otro.
Uno.
Dos.
Cinco.
Diez.
Veinte.
Y en algunos de ellos aparecieron figuras conocidas para Dirk Callahan:
Dirk X.
Chloe Y.
Indra Z.
Adrián YZ.
Ernest B.
Los duplicados de los que Dirk jamás había querido hablar con ninguno de ellos.
Los que habían habitado el faro de La Sirena y El Diablo unos días.
Los que existían en aquella región del reflejo, en la Dimensión Espejo.
Los que alguna vez lo llamaron padre, hermano, arquitecto o guía.
Dirk los observó.
Y por primera vez en años no supo qué decir.
—Ayúdenme... —les dijo.
Las palabras salieron casi como un susurro.
Los duplicados lo miraron.
No respondieron.
El Eco tampoco les permitió avanzar. Los espejos vibraron. Las figuras permanecieron atrapadas detrás del vidrio.
Prisioneros.
Como si algo infinitamente superior hubiera cerrado todas las puertas a nuestro mundo.
Entonces habló el duplicado de Ernest.
No al Eco.
No a Adrián.
A Dirk.
—Ya no obedecemos.
El rostro de Dirk perdió todo color.
El duplicado de Chloe sonrió.
El de Indra bajó la mirada.
El de Adrián observó el círculo roto.
El de Dirk hizo igual que el de Adrián pero luego volvió a ver a Dirk.
Y los cinco hablaron al mismo tiempo:
—El reflejo ya eligió otro camino.
Los espejos se apagaron.
Uno tras otro.
Hasta quedar únicamente el silencio.
Y en algún lugar cerca del motel...
Muy profundo. Algo enorme pareció despertar.
Algo que ni siquiera los Ecos del bosque ni del litoral podían controlar completamente.
Y por primera vez desde que comenzó la pesadilla...
Dirk Callahan pareció tan vulnerable como cualquier otro ser humano en la habitación.
Continuará...

Comentarios
Publicar un comentario