Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 34
La línea de sangre terminó de cerrarse.
Un círculo imperfecto, pulsante, dibujado sobre el suelo del lobby del Infierno Azul. No era grande. Apenas lo suficiente para que una persona se parara en el centro.
Pero no era el tamaño lo que importaba.
Era la intención.
Nadie habló durante unos segundos.
El motel tampoco hizo ningun ruido.
Silencio total.
Y eso fue peor.
—No lo toquen —dijo Cassian, con una calma que ya no tranquilizaba a nadie—. Esto no es un portal. Es un… selector.
Dylan tragó saliva.
—¿Selector de qué?
Zaza no apartaba la vista del círculo y respondió:
—De quién cruza… y quién se queda.
El aire se tensó.
Chloe miró a Adrián. Adrián a Indra. Indra… al círculo.
Y entonces recordó.
—El anillo.
Todos giraron a ver a Dirk.
—El de Dirk —añadió Indra, buscando con la mirada—. El que encontramos… en la otra dimensión en este motel.
Mason asintió lentamente.
—Cuando el espejo nos llevó dentro… —dijo Mason—. Ese lugar donde todo era reflejo… pero más real que esto.
Chloe completó diciendo nerviosa:
—Lo dejamos sobre la mesa. Pensamos que no importaba.
Dirk dejó de sonreír. Por primera vez.
—¿Dónde está? —preguntó Dirk, sin teatralidad.
Cassian respondió antes que nadie:
—No se deja atrás algo que pertenece al borde.
Zaza dio un paso hacia el círculo.
—El anillo no es tuyo, Dirk. Nunca lo fue.
El motel vibró.
El círculo latió.
Y entonces… alguien lo pisó.
Dylan.
—¡Mierda! —exclamó, mirando hacia abajo—. Yo no—
Demasiado tarde.
El círculo se iluminó en un azul profundo, casi líquido. La sangre comenzó a subir por sus pies como si buscara leerlo, reconocerlo.
Dylan gritó.
No de dolor.
De algo peor.
—¡Me está viendo! —jadeó—. ¡No… no es un lugar, es… es algo que decide!
Sus ojos se quedaron fijos en un punto invisible.
Y el resto lo vio.
Por un segundo, Dylan ya no estaba allí.
Su reflejo sí.
Pero su cuerpo… titiló.
Como señal inestable.
Cassian reaccionó.
—¡Sáquenlo!
Adrián se lanzó y lo empujó fuera del círculo.
El contacto rompió la conexión.
Dylan cayó al suelo, jadeando, empapado en sudor.
—No… no quiere cualquiera… —murmuró—. Está buscando… coincidencias.
Silencio.
Todos entendieron.
El círculo no elegía al azar.
Elegía al más compatible.
Y entonces…
El círculo reaccionó.
No por Dylan.
Por algo más.
Desde el pasillo, un sonido.
No pasos.
No respiración.
Arrastre.
Todos giraron.
Y lo vieron.
El anillo.
Deslizándose por el suelo como si fuera arrastrado por una fuerza invisible.
Deteniéndose… justo en el borde del círculo.
Dirk dio un paso hacia adelante.
—No —dijo, por primera vez sin control—. Eso no…
El anillo se elevó.
Giró lentamente en el aire.
Y el círculo lo reconoció.
La sangre se iluminó con mayor intensidad.
Zaza susurró:
—Ese anillo no abre puertas.
Cassian completó:
—Las fija.
Dirk retrocedió.
—Yo no llamé a esto —dijo Dirk preocupado, y esta vez no era mentira.
El Eco respondió.
Pero ya no como murmullo. Como una presencia triple.
El viento del litoral se filtró por las grietas del motel.
El olor a pino y humedad del bosque del norte apareció sin explicación.
Y entre ambos…
Los reflejos.
Las figuras en los espejos comenzaron a moverse sin sincronía total.
Uno de Adrián sonrió cuando él no lo hacía.
Uno de Chloe lloraba.
Uno de Indra… observaba con calma peligrosa.
Y entonces, una voz.
No una.
Tres.
Superpuestas.
Diciendo:
—El ancla falló.
—El reemplazo fue interrumpido.
—El equilibrio… debe corregirse.
El anillo descendió.
Directo al centro del círculo.
Y cuando tocó la sangre…
El motel se dobló.
Las paredes se curvaron. El techo se alejó. La habitacion y el lobby parecieron expandirse hacia una profundidad imposible.
Dirk cayó de rodillas.
—No… no así…—dijo casi llorando de rabia.
Adrián lo miró.
—¿Qué hiciste?
Dirk levantó la vista.
Y por primera vez en mucho tiempo… había miedo real en Dirk.
—No fui yo —susurró Dirk—. Yo solo abrí la primera puerta... Para hacer mía a Indra cuando la secuestré... y poder resucitar cuando tu y ellas me mataron en la cabaña...
El círculo comenzó a absorber luz. Y dentro de él… algo empezaba a tomar forma.
No un duplicado.
No un reflejo.
Algo anterior a ambos.
El verdadero rostro del Eco.
Continuará...

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