Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 31
El Infierno Azul ya no disimulaba.
El motel crujía con un ritmo lento, como si sus cimientos estuvieran reajustándose alrededor de una verdad demasiado grande para su estructura. El neón vibraba, la arena se arremolinaba contra las ventanas, y los espejos del pasillo devolvían reflejos con una fracción de segundo de retraso.
En la habitación de Indra (y sus 2 parejas), el aire aún estaba cargado.
Ella ya se había cubierto su desnudez imponente con una sábana, no por pudor, sino por concentración. Adrián permanecía frente a Dirk, cuchillo firme, mandíbula tensa. Chloe estaba a un costado, respirando rápido, con los ojos demasiado brillantes.
Dirk sonreía.
—No tienen que discutir —dijo con una calma venenosa—. El Eco ya eligió.
—No decide por nosotros —replicó Adrián.
—Oh, claro que no —respondió Dirk—. Solo… sugiere. Con insistencia eterna.
Cassian apareció en el umbral de la habitación, Zaza detrás.
—Dilo de una vez —ordenó Zaza.
Dirk ladeó la cabeza, disfrutando el silencio que precedía al golpe.
—Quiere a Chloe.
El mundo pareció inclinarse un grado.
Chloe no habló de inmediato.
—¿Por qué? —preguntó Adrián, más bajo que antes.
Dirk avanzó un paso.
—Porque ella es el equilibrio... Porque sin ella ustedes dos son fuego descontrolado... Porque su dulzura mantiene la grieta estable.
Miró a Chloe con una intensidad que no era solo lasciva. Era devoción torcida.
—El Eco necesita un corazón humano que no odie. Un ancla que no quiera dominar.
Chloe tragó saliva.
—¿Y si me niego?
Dirk sonrió más ampliamente.
—Entonces el portal seguirá abriéndose.Y lo que salió del bosque aquella noche que me "mataron"… terminará de cruzar.
El nombre del lugar no fue pronunciado.
Pero todos pensaron en la cabaña del norte... Aquella noche... Cuando el asfalto ardiente los llevó a un bosque frío.
Pensaron en los duplicados.
En la versión de Cristabelle que escapó hacia la carretera rumbo a Prescott. De la cual Ramona les comento que Cristabelle había tenido visiones.
Cassian habló con gravedad:
—Si Chloe se convierte en ancla, no será un duplicado. Será consciente. Sentirá el Eco todo el tiempo.
Indra se tensó.
—No.
Adrián la miró.
—No podemos perderla.
Chloe dio un paso adelante.
—No soy algo que puedan perder o salvar —dijo con firmeza inesperada—. Soy parte de esto.
El motel vibró.
Los espejos del pasillo mostraron por un instante una imagen distinta: Chloe de pie en el centro del lobby, luz azul envolviéndola, mientras sombras del bosque y olas del litoral se contenían a su alrededor.
Dirk observó esa visión con hambre contenida.
—Míralo —susurró—. Hasta el motel la reconoce.
Desde la habitación contigua, Mason apareció. Ya vestido otra vez, pero aún con la piel húmeda, el pulso acelerado.
—No la tendrán —dijo.
Dirk lo miró, divertido.
—Tú no entiendes, Ace. El Eco no la quiere por poder. La quiere porque ella puede cerrarlo.
Silencio.
Chloe lo entendió antes que nadie.
—Si me quedo como ancla… el portal se estabiliza.
Cassian asintió lentamente.
—Sí.
Zaza completó:
—Pero quedas vinculada al motel. A este lugar. A su respiración.
Adrián negó con la cabeza.
—No.
Indra dio un paso hacia Chloe y tomó su mano.
—No te vamos a entregar.
Chloe apretó sus dedos.
—No me están entregando. Estoy eligiendo.
El Eco se manifestó entonces.
No como figura, sino como presión sonora. Un murmullo mezclado de viento entre pinos y olas rompiendo roca. El litoral y el bosque superpuestos.
Dirk cerró los ojos, como quien escucha música.
—Decidan rápido —dijo—. O la próxima vez no preguntará.
A kilómetros de allí, en La Sirena y El Diablo, Cristabelle seguia sentada en su cama, respirando agitadamente.
—Algo va a cambiar —murmuró.
Colt, desde el pasillo, tocó la puerta.
—¿Todo bien?
Cristabelle miró su reflejo en el espejo.
Esta vez, ambos parpadearon al mismo tiempo.
—No, Colt —respondió—. Pero todavía estamos a tiempo.
Continuará...

Comentarios
Publicar un comentario