Arena Roja: Infierno Azul - Capítulo 27.

 



Arena Roja: Infierno Azul

Por: Dirk Kelly


Capítulo 27



La noche del día siguiente... 


El Infierno Azul ya no dormía.


Respiraba.


No de una forma obvia —no había paredes que se inflaran ni puertas que gimieran—, sino de ese modo inquietante en que un lugar empieza a anticiparse a quienes lo habitan. Las luces del pasillo se encendían un segundo antes de que alguien doblara la esquina. Las sombras llegaban antes que los cuerpos. Y los espejos… los espejos ya no obedecían.


Chloe fue la primera en notarlo.


Estaba frente al espejo del baño común, acomodándose el cabello rubio —esa cascada suave que siempre parecía sacada de otra década— cuando su reflejo sonrió antes que ella.


No fue una sonrisa grande.


Fue apenas una curvatura mínima. Pero fue suficiente.


—No —dijo en voz baja—. No, no hagas eso.


El reflejo parpadeó… tarde.


Cuando Chloe retrocedió, el reflejo dio un paso más.


Adrián apareció detrás de ella, sólido, presente, con esa calma tensa de héroe que no pide permiso al miedo.


—¿Lo viste? —preguntó.


—Sí —respondió Chloe—. Y no era yo.


En el lobby, Cassian y Zaza estaban de pie, observando cómo la luz de neón azul se reflejaba en el piso con un pulso irregular, casi cardíaco.


—El motel, o el Eco del Litoral ya entendió lo que es —dijo Cassian—. No solo un punto de paso.


—Sino una bisagra —añadió Zaza—. Entre el litoral… y el bosque del norte.


Indra cruzó los brazos. Su presencia era distinta esa noche: más filosa, más encendida. Su cabello negro caía como una bandera de guerra y sus ojos no dejaban de recorrer los reflejos.


—¿Y Dirk? —preguntó—. Porque todo esto huele a él.


Como si hubiera sido invocado por su nombre, Dirk Callahan apareció al fondo del pasillo.


Caminaba descalzo sobre el piso frío, usando solo una tanga oscura y botas de cuero. Su torso estaba cubierto por una fina capa de sudor que hacía resbalar la luz sobre su piel pálida. No parecía apurado. Nunca lo estaba.


—Siempre tan intuitiva, Indra —dijo, ladeando la cabeza—. Eso es lo que más me excita de ti.


Adrián dio un paso al frente.


—Aléjate.


Dirk rio suavemente, una risa húmeda, sin humor.


—Relájate, campeón. El motel me llamó primero. Igual que el faro. Igual que la cabaña.


Se acercó un poco más. Sus ojos verdes se detuvieron en Indra… luego, con descaro calculado, se deslizaron hacia Chloe.


—La líder y la musa —susurró—. Siempre juntas. Siempre deseándose y amándose— hizo una pausa.



—Y ahora… compartiendo con Adrián— continuó.


Indra apretó los dientes.


—No nos mires así.


—No puedo evitarlo —respondió Dirk—. El Eco del bosque me enseñó a mirar.


—El Eco del litoral… a sentir.


Las luces del pasillo parpadearon violentamente. Las sombras de todos se alargaron en direcciones imposibles, como si intentaran escapar del cuerpo que las proyectaba.


Dylan, pálido, murmuró:


—Ok… esto ya no es solo paranormal. Esto es… personal.


Zaza lo miró de reojo.


—Siempre lo es.


Cassian cerró los ojos un instante.


—El portal no está fijo —dijo—. Se mueve con él. Con Dirk. Con los Ecos.


Dirk abrió los brazos, teatral.


—¿Ven? El motel me recuerda. Infierno Azul sabe quién soy.


El espejo del lobby se resquebrajó sin romperse. La grieta se movió lentamente, como una sonrisa invertida. 


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A varios kilómetros de ahí…


En La Sirena y El Diablo, la noche era tranquila. Demasiado.


El lobby estaba lleno. Voces, risas, maletas rodando, incluso esa noche. El cartel de NO VACANTE llevaba días colgado.


Cristabelle apoyó los codos en el mostrador, mirando el movimiento con una inquietud que no lograba sacudirse.


—Es raro —dijo—. Todo está perfecto… y aun así siento como si algo estuviera mal.


Ramona sirvió café.


—La Sirena y El Diablo casi nunca fue muy tranquilo cuando estaba lleno —respondió—. Y ahora lo está cuando debería estarlo.


Colt miró hacia la carretera, en la oscuridad de la noche, serio una vez más.


—¿Creen que estén bien allá en Infierno Azul?


Cristabelle tragó saliva.


—No— respondió de inmediato.


—No lo sé —dijo otra vez—. Pero siento… como si algo allá hubiera despertado...Y no quiere quedarse solo.


Afuera, el viento del litoral movió la arena en espirales breves.


Como si alguien, muy lejos, acabara de abrir una puerta.


Continuará...



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