Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 22
Infierno Azul, Habitación de Dylan Mercer. Horas despues, esa tarde.
Dylan Mercer se había duchado con agua fría, por tercera vez. Y no porque hiciera calor.
—¡Maldito rubio…—masculló frente al espejo empañado del baño—! … ¿¡Qué clase de hombre luego de lavar su Porsche se pone a hacer sentadillas en el patio como si no supiera que todos lo están viendo!?
Sus rizos húmedos colgaban rebeldes, los boxers apenas ajustados a su cintura. El vello en su atlético y esbelto pecho brillaba con gotas de agua. Le temblaban un poco las piernas.
Y justo entonces, la puerta de la habitación —que él había dejado “apenas entrecerrada”— se abrió.
Zaza. Chaqueta de cuero entallada. Top de red sin sostén. Jeans ajustados. Labios pintados como palabras prohibidas.
Apareció como un vaho perfumado de ginebra, tabaco y secretos.
—¿Te sientes... tenso, Dylan?
Él se cubrió instintivamente con la toalla. Mientras salía del baño y se acercaba a la cama.
—¡Zaza! Yo, eh, solo estaba… el agua estaba muy fría. O muy caliente. ¿La has probado? Digo, no la del grifo… ¡sino la ducha! Ja, ja… ja…
Zaza se acercó sin dejar de caminar. Como un poema que te acorrala.
—Estás nervioso —dijo, quitándole la toalla de un tirón suave pero firme—. Eso es bueno. Significa que sientes cosas. Que algo… se está moviendo dentro de ti.
Dylan se mordió el labio inferior. Quería mirar su cuerpo, el de ella, el suyo propio. No sabía qué era lo correcto en ese momento. Solo sabía que Mason Legrand, el rubio glorioso del cuerpo de estatua y el trasero como dos bolas de boliche colisionando, le había volado la mente y el alma.
—¿Te gusta? —preguntó Zaza, colocándose a su lado frente al espejo—. ¿Ace? ¿Te hace preguntarte cosas?
El reflejo de ambos nítido en el espejo, parecía brillar con un halo especial.
Dylan tragó saliva.
—Yo… no sé. Es como… como ver una película para mayores cuando tienes 16 años. No sabes muy bien por qué… pero no puedes dejar de mirar.
Zaza sonrió.
—Pues imagina cuando tengas permiso para tocar.
Dylan cerró los ojos. Y por un momento pensó que iba a tener un orgasmo. Solo por la imagen. Solo por las palabras de Zaza.
Pero entonces, la puerta de la habitación volvió a abrirse.
Y ahí estaba.
Mason “Ace” Legrand.
Solo con pantalones deportivos, sin camiseta. El torso desnudo y sudado. El cabello rubio cenizo desordenado.
Mirada de niño… con fuego de hombre.
—¿Interrumpo? —preguntó, y ni él mismo sabía si quería una respuesta afirmativa o negativa.
Zaza no se inmutó.
—Depende. ¿Vienes a mirar, a quedarte... o a enseñarnos algo?
Mason entró. Cerró la puerta. Se apoyó contra la pared como un cuadro maldito.
Dylan sintió su cuerpo convulsionar por dentro. Estaba al borde de un orgasmo. Algo salvaje. Algo irreversible.
Zaza se colocó detrás de Dylan, posando sus manos sobre las caderas del veinteañero primo de Colt.
—¿Lo ves, Ace? —susurró ella, con voz ronca—. La juventud iniciando adultez temblando. Lo indeciso a punto de estallar. ¿No es hermoso?
Mason no respondió. Pero sus ojos bajaron. Vieron. La ereccion de Dylan, las manos de Zaza aprisionando suavemente las caderas de Dylan. Y en su mente, por un segundo, apareció ella.
Cristabelle.
El cabello rubio revuelto sobre la almohada. Su risa burbujeante mientras se subía a su Mini Cooper. Su voz diciéndole “Eres mío, aunque el mundo sea de otros”.
Zaza lo notó.
—Estás en otro lado. ¿Pensando en una mujer?
Mason asintió, sin culpa.
—En la mujer.
Zaza lo entendió. No dijo más.
Se acercó al oído de Dylan, le susurró algo que lo hizo estremecerse y luego se separó de Dylan.
—Entonces no nos necesitas. —Se ajustó la chaqueta de cuero y caminó hacia la puerta.
Dylan, aún sin poder hablar, solo la siguió con la mirada. El deseo aún ardiendo en su cuerpo.
Mason se quedó entonces solo frente al espejo. Con Dylan observandolo. Mason "Ace" tocó su propio pecho con la palma abierta.
Su reflejo, por un instante, no lo imitó exactamente. Dylan lo notó temeroso.
Y en el fondo de sus ojos… una figura con el rostro de Cristabelle le sonrió desde el espejo.
Continuará...
Comentarios
Publicar un comentario