Arena Roja: Infierno Azul - Capítulo 21.

 




Arena Roja: Infierno Azul

Por: Dirk Kelly


Capítulo 21



Instituto Saint Mary, diez años atrás. 2014.


El uniforme reglamentario del Saint Mary, exclusivo instituto catolico de secundaria y bachillerato, tenía una forma curiosa de moldearse a ciertas figuras. Indra Mathers, con su falda plisada corta, blazer entallado y botas altas negras, parecía hecha para romper reglas con estilo. El cabello negro como tinta, perfectamente planchado, caía sobre sus hombros con la precisión de una declaración de guerra.


Esa tarde, la sala de audiovisuales estaba vacía… excepto por ella y Dirk Callahan.


—¿Viniste solo a verme? —preguntó Indra, con una ceja alzada, mientras manipulaba un viejo proyector 16mm. Detrás, en la pared, un fotograma mostraba imágenes retro de chicas en bikini corriendo por una playa falsa de los 70s.


Dirk, con su camisa blanca mal abotonada, pantalones oscuros ajustados y una corbata negra deshecha colgando del cuello, sonreía sin mostrar los dientes.


—Viniste a este colegio para escapar de algo, ¿no? —le dijo, acercándose—. Pero ese algo sigue dentro de ti. Te mira desde el espejo cada mañana. Y... me gusta lo que veo.


Indra le plantó una bofetada que resonó como trueno seco.


Dirk la sostuvo del brazo con una fuerza controlada. No había ira. Solo deseo enfermizo. Obsesión. Y una erección de su mienbro viril. Y continúo diciéndole, excitado:


—Lo peor de ti... está esperando a despertar. Solo necesitas a alguien que sepa cómo hacerlo. Yo soy ese alguien.


Ella lo miró fijo, sin parpadear.


—Ya tengo a Chloe.


—¿Y por cuánto tiempo crees que ella querrá lo mismo que tú? —susurró Dirk—. Tú no eres de las que aman. Eres de las que dominan. Chloe solo está jugando. Pero yo… yo puedo darte lo que nadie más.


Ella se alejó. Pero en el reflejo de la pantalla, Dirk seguía ahí, con los ojos más verdes y febriles que nunca.


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Motel en la carretera, semanas atrás. Enero 2024. La noche que Adrián, Indra y Chloe tuvieron su primer encuentro sexual.


Mason “Ace” Legrand se revolvía en las sábanas baratas de una habitación en un extremo del motel donde Chloe, Adrián e Indra compartían cuarto. Era casi medianoche.


Lo que lo despertó no fue una pesadilla. Fue un gemido.


Un gemido largo, húmedo, lleno de jadeo y deseo que atravesó las paredes como un susurro de fuego. Se incorporó lentamente. Su torso desnudo brillaba con el reflejo del televisor encendido en “mute” frente a la cama. En calzoncillos ajustados, caminó hasta la ventana y abrió apenas la persiana. Miró hacia el otro cuarto.


Nada. Pero los sonidos seguían. La cama rechinaba, las voces se entremezclaban.


Y él… sintió el eco del deseo ajeno en su propio cuerpo.


Se tocó el pecho. Sus propios músculos palpitaban con cada latido. Y una erección firme crecía como reacción inevitable. Su reflejo en el espejo del baño le devolvía una mirada turbia, llena de una lujuria que no era suya del todo.


—Cristabelle… —murmuró.


La voz femenina que respondió desde la cama era aguda, somnolienta y juguetona.


—¿Otra vez soñando con escenas ajenas, Ace?


Cristabelle Leclair, en un baby doll de satén color durazno, lo miró con una sonrisa pícara mientras se sentaba en la cama. Su cabello rubio estaba atado en dos coletas desordenadas. En su rostro había rastros de lápiz labial rojo cereza.


—No fue un sueño —dijo él, mientras regresaba a la cama—. Los del cuarto al lado... tres voces... creo que son un hombre y dos mujeres, están haciendo el amor como si fuera el fin del mundo.


Cristabelle se rió suavemente, pero luego frunció el ceño.


—¿Dijiste... tres voces?


Mason asintió.


—Sí. Tres. Y una de ellas gritó el nombre “Indra”.


Cristabelle se quedó pensativa.


—Ese nombre me suena…


 Unas horas después, al amanecer...


La luz rosada del amanecer entraba por las cortinas mientras el alboroto estallaba en el patio del motel.


Mason y Cristabelle estaban ya vestidos. Él en jeans y camiseta ajustada sin mangas, ella en una chaqueta corta amarilla y shorts de mezclilla. Ambos se asomaban por la puerta de su cuarto.


—¡Indra desapareció! —gritaba Chloe—. ¡¡Se la llevaron!!


Adrián, con el cabello revuelto, ya se subía a su Ducati, furioso, decidido a encontrarla. Su cuerpo desnudo salvo por los jeans, parecía una estatua que había cobrado vida.


Mason y Cristabelle se miraron.


—¿Qué hacemos? —preguntó ella.


—Nada —dijo él, lentamente—. Pero recuerda sus rostros. Vamos a volver a verlos.



Semanas despues, en La Sirena y El Diablo. Abril 2024.


Cuando Mason llegó al motel buscando alojamiento epoco antes del amanecer, Ramona fue quien lo recibió. Cristabelle fingió no conocerlo.


—Lo siento —dijo Ramona—. No hay vacantes.


—No hay problema. Dormiré bajo bajo el cielo antes que amanezca—dijo Mason con su sonrisa de película.


Cristabelle, detrás del mostrador, no dijo nada. Pero cuando Mason se fue, ella murmuró:


—¿Qué demonios haces aquí, Ace?


Y él, desde la puerta, solo dijo:


—Volví por la sombra que vi esa noche en el motel de carretera cuando lo del trío ese... La sombra que me dejó despierto… aún con los ojos cerrados.

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De regreso al presente, a mediados de Abril 2024...


Mason se lavaba la cara en el baño, mirando su reflejo.


Le recordó las veces que ahí en Infierno Azul habia visto su reflejo como si fuera alguien más y no él, y le recordó el espejo donde, tiempo atrás en el motel de carretera, aquella noche con Cristabelle, creyó ver por un segundo a otra versión lujuriosa de sí mismo.


La pregunta no era si volverían a encontrarse.


Era cuándo.


Y quién sería el verdadero cuando lo hicieran.


La tormenta de polvo unas noches anteriores, los habia asustado pero todo habia estado bien, incluso muy acogedor dentro del motel...  Sin embargo para los duplicados,los Doppelgangers, y Dirk esa tormenta fue un mensaje del Eco.



Continuará...











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