Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 20
Infierno Azul – 3:33 p.m. Misma tarde.
El calor bajaba como una lengua lenta y húmeda sobre las paredes del motel. La brisa salada del litoral apenas se colaba entre las grietas de las ventanas. En el aire flotaba un aroma entre aceite bronceador y algo más… más viejo… más podrido. Como si algo se descompusiera al otro lado de la realidad.
Adrián Barton, con su camiseta blanca ya empapada en sudor, estaba en el patio trasero de Infierno Azul, limpiando y verificando su Ducatti sin necesidad, más por furia que por necesidad. Cada roce del trapo era una palabra que no podía pronunciar.
—¿Te molesta que respire el mismo aire? —preguntó Mason “Ace” Legrand, apoyado contra un poste, todavía sin camisa, con un pantalón cargo bajo y ajustado que hacía poco por ocultar su trasero que generaba tantas miradas.
Adrián lo miró, y por un momento, fue como si dos jaguares midieran territorio.
—Solo espero que no te ahogues en él.
Ace sonrió con esa inocencia tramposa que ya comenzaba a derretir más que la arena.
—Yo respiro profundo, papá. A veces más de lo que debería...
Cassian, desde la sombra, observaba en silencio.
—Ya pasó antes —dijo, murmurando para sí, apenas audible para Zaza a su lado—. Uno así. Un cuerpo como estatua griega. Lo llamaban “El Séptimo Espejo”. Fue el único que se reflejó donde no debía… y sobrevivió. Pero cambió todo lo que tocó.
Zaza tragó saliva.
—¿Y si es él otra vez?
—Entonces que el desierto nos ampare…
En el interior del motel, Chloe Seyfried estaba en la habitación 7, vestida ahora con una blusa halter de malla rosa y pantalones tipo palazzo que ondeaban como sueños de MTV de los noventa. Indra Mathers la observaba desde la cama, aún en su top negro ceñido y shorts que dejaban ver su fuerza. Chloe se acercó, lenta, dejando caer su cuerpo junto al de Indra.
—¿Crees que él, Mason "Ace", viene a estremecernos? —susurró Chloe.
—No, mi amor —dijo Indra, acariciándole el cuello—. Él viene a probar si lo nuestro es real. Y no vamos a fallar.
Adrián entró justo entonces, sudoroso y lleno de rabia mal disimulada. Miró a ambas, se quitó la camiseta de un tirón y se dejó caer sobre la cama con ellas.
—Lo único que vamos a romper es el espejo —dijo, serio. Y entonces se miraron los tres. Y durante un instante, el mundo pareció detenerse.
5:00 p.m. Fondo del motel, en el corazón del pasillo de espejos de la otra vez, algo palpitaba.
La luz temblaba como carne. Uno de los espejos —el más antiguo, el que nadie recordaba haber traído— comenzó a sangrar lentamente por sus esquinas. El reflejo no era el mismo. No devolvía lo que tenía enfrente… sino una versión más perversa, más hermosa y más rota de cada uno de ellos.
Zaza fue la primera en acercarse. Tocó la superficie y sintió una oleada que casi la arrodilló. Cassian la sostuvo.
—Está llamando —dijo ella—. No solo a nosotros. A todos.
En el espejo, los reflejos de Adrián, Indra, Chloe y Mason bailaban entrelazados en una escena de sudor, deseo y violencia. Pero había algo más.
Una figura.
Con ojos verdes.
Dirk Callahan.
Vestido solo con una bata blanca de lino abierta, dejando ver una tanga azul y su piel espectral, aparecía reflejado detrás de ellos… aunque no estaba en la habitación real.
En la recepción, Dylan pasaba las hojas de una revista vieja, Blueboy, cuando vio a Mason acercarse a un espejo antiguo.
—¿Qué hay ahí dentro?
—Nada —respondió Ace, sin girarse.
—¿Y por qué te brillan los ojos?
—Porque ya lo vi antes.
Mientras tanto, en el desierto cercano, una tormenta de arena se alzaba, moviéndose hacia Infierno Azul… como si algo viniera a buscar lo que le pertenece.
Continuará...
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