Arena Roja: Infierno Azul - Capítulo 18.

 



Arena Roja: Infierno Azul

Por: Dirk Kelly


Capítulo 18


Infierno Azul – Trastienda del faro. Mismo día.11:59 AM.


Cassian cerró el viejo tomo de cuero negro que llevaba días hojeando desde que habían llegado al motel. El espejo empañado frente a él ya no mostraba su reflejo normal. El rostro que veía parpadeaba entre su imagen y otra que parecía más... antigua. Más tribal. Más consciente.


Zaza estaba sentada con las piernas cruzadas sobre una banqueta de cemento, aún con las botas puestas, los dedos entrelazados sobre las rodillas. Su chaqueta de mezclilla tenía una mancha reciente de tierra roja y su camiseta blanca ya no era tan blanca desde la incursión en el faro.


—No fue suficiente, Caz —dijo ella rememorando. Tenía la voz rasposa, seca. Intensa—. Le prendimos fuego a esa maldita cabaña del norte. Y aún quedó ahí. Sólida. Como si se burlara de nosotros.


Cassian asintió.


—La madera no crujió. Las llamas subieron, pero no consumieron nada. Y sabes lo que eso significa, ¿no?


Zaza bajó la mirada, pero solo un segundo. Luego lo miró directo a los ojos.


—El Eco sigue anclado ahí. No importa que Dirk se haya trasladado a este litoral. El vínculo con los duplicados del bosque no se ha roto. Solo se ha... multiplicado por acá.


Un silencio se instaló entre ellos, solo interrumpido por el zumbido grave del mar y la brisa.


—Y ahora tenemos al nuevo rubio —continuó ella, levantando una ceja con algo entre recelo e interés. El sarcasmo goteó como veneno sensual—. Ese Adonis de las nalgas erguidas.


—Mason Legrand —dijo Cassian, dejando caer el nombre como quien deja un cuchillo en la mesa—. No está aquí solo por accidente. Él también trae algo con él. Algo que las otras entidades pueden desear... o querer destruir.


—Y no sé tú —añadió Zaza mientras sacaba una navaja de mariposa de su chaqueta y la hacía girar sin mirar—, pero yo sí lo deseo... aunque sea solo un poco.


Cassian sonrió con cautela. Un gesto suave, más resignado que divertido.


—Eso puede ser parte del problema, Zaz.


---


Infierno Azul – Patio trasero / área común y de piscina. 12:20 PM.


Una sombrilla rota colgaba sobre una mesa metálica oxidada. Sobre ella, platos con huevos revueltos, tiras de tocino, pan tostado, mimosas improvisadas con jugo de naranja barato y una botella de champán que alguien (probablemente Chloe) había rescatado de la cocina comunal del motel.


Chloe Seyfried se había cambiado a un vestido veraniego amarillo mostaza con flores rojas y gafas estilo Lolita. Sentada sobre los muslos de Adrián Barton, se reía con esa risa dulce y noventera mientras Indra Mathers, impecable aún en short de cuero y top negro de encaje, encendía un cigarro con su mechero plateado.


Dylan Mercer no apartaba la vista de Mason, quien —ahora sin camisa— había improvisado un ejercicio con una piedra grande que levantaba en sets frente a todos, como si no lo notara… pero lo sabía perfectamente.


—¿Entonces, tú haces... películas? —preguntó Dylan, sorbiendo café—. ¿Como de acción?


—No exactamente. Cortos marciales. Con poco presupuesto y mucha patada. —Mason se limpió el sudor de la frente con una sonrisa—. A veces enseño krav magá. A veces enseño a no preguntar tanto.


Todos se rieron, incluso Indra.


Chloe entrelazó los dedos con los de Adrián. Él, ya sin la malla —¡por fin!—, vestía una camiseta blanca de algodón suelto y pantalones cargo que no podían ocultar su físico. Sus ojos grises, sin embargo, estaban tensos. Observaban a Mason con una mezcla de curiosidad y desconfianza.


Cassian y Zaza se unieron en ese momento. Regresando de su "paseo" y tertulia cerca del faro. Ninguno mencionó lo de la cabaña desde que habia sucedido semanas antes. Pero sus ojos se cruzaron un par de veces con los de Mason... y en uno de esos momentos, fue como si el aire entre ellos chispearaAlgo antiguo. Algo peligroso. Algo atractivo.


—¿Y tú, Ace? —preguntó Chloe, acomodándose el cabello—. ¿Qué te trae por aquí?


Mason sonrió, y por un segundo, su expresión fue la de un hombre que acababa de recordar algo que nunca debió haber olvidado.


—Digamos que... vine buscando sombra. Pero parece que me encontré con fuego.


Mason sonrío. Y todos, incluyendo a Cassian y Zaza, los desconfiados y misteriosos "guardianes de los bordes" sintieron una paz y calma muy peculiares.


Continuará...



Comentarios