Arena Roja: Infierno Azul
Por: Dirk Kelly
Capítulo 14
Dimensión Espejo. Tiempo Imposible. Lugar: Desconocido.
Al cruzar el espejo, no hubo caída. No hubo desliz. Solo una inhalación, como si el mundo los sorbiera.
Chloe abrió los ojos primero. Estaba de pie en un pasillo rojo oscuro, como las paredes internas de una criatura viva. El suelo palpitaba bajo sus pies descalzos. Vestía un camisón blanco, de encaje, como salido de una película erótica setentera. El borde le rozaba los muslos desnudos. Sus clips de colores seguían en su melena rubia, pero manchados de algo que parecía óxido o sangre.
A su derecha, una puerta con una estrella. De esas de camerino.
La abrió.
Y allí estaba Indra.
Vestida con un corsé de cuero negro, medias de red y guantes largos. El cabello oscuro recogido, salvo por un mechón suelto que caía sobre su ojo. Parecía una reina de otra era. La habitación tenía espejos por todas partes, pero ninguno mostraba su reflejo. Solo la mostraban a ella… con Adrián.
Adrián sin camiseta, con su malla negra rasgada, y unos pantalones ceñidos de charol rojo oscuro. Estaba entre los muslos de Indra, besando su cuello, lamiendo su clavícula.
Chloe jadeó. Pero no fue de horror. Fue de deseo.
—No me mires así —dijo Indra, sin voltear—. Este lugar… nos conoce. Y lo usa todo en nuestra contra.
Adrián levantó la vista. Sus ojos grises estaban más brillantes que nunca.
—Chloe —susurró—. Ven con nosotros.
Ella se acercó.
Y los espejos se iluminaron.
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En otra sala.
Cassian y Zaza no estaban con ellos. Ni Dylan. Ni Colt ni Ramona. Solo ese calor húmedo que impregnaba cada pared. Cada rincón. El trío ahora se abrazaba como un nudo viviente, como si la habitación los quisiera mantener así… fusionados.
Pero a medida que el éxtasis crecía, también lo hacía la distorsión.
Adrián sintió algo rasgar su espalda.
Chloe notó que los dedos de Indra se volvían largos. Demasiado largos.
Indra sintió que la lengua de Adrián sabía a cobre. A sangre.
—Nos quieren mantener aquí —dijo ella, forcejeando con su propio placer—. Como ofrendas. Como alimento.
Chloe rompió el abrazo, su camisón chorreando una sustancia negra.
—¡Adrián! ¡Mírame!
Él alzó la vista, sus ojos nublados. Luego, parpadeó. Volvió en sí.
—¿Dónde estamos?
La habitación comenzó a encogerse. Las paredes se acercaban. Como si quisieran abrazarlos… o aplastarlos.
Indra se levantó de un salto.
—¡Céntrense en lo que desean! ¡Solo así escaparemos!
Chloe cerró los ojos.
Pensó en el desierto.
En la manta. En las estrellas. En la música retro.
Indra pensó en el calor del cuerpo de Chloe. En el olor del cuero. En las veces que fue líder para sobrevivir.
Adrián pensó en sus abuelas. En las canciones en portugués y los paisajes de El Salvador. En el sonido de su Ducati rugiendo en la carretera.
El mundo se partió como un espejo.
Y los arrojó fuera.
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Motel Infierno Azul. Pasillo exterior. 04:27 AM.
Los tres cayeron al suelo, jadeando. Sudorosos. Con las ropas casi idénticas a las que llevaban adentro… pero manchadas con la misma sustancia negra que el espejo había escupido.
Dylan abrió la puerta 7.
—¡¿Están bien?!
Adrián asintió. Tembloroso.
Chloe se abrazó a Indra.
—No estamos igual —dijo ella—. Algo cambió.
Indra asintió. Su mirada fue hacia el pasillo de espejos… ahora sellado. Como si nunca hubiera existido.
—Ese lugar… ese reflejo… no fue solo una ilusión.
Adrián caminó hacia un charco oscuro junto al espejo sellado. De él emergía un objeto.
Un anillo.
El mismo que Dirk Callahan usaba en la mano izquierda.
Continuará...

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